viernes, 3 de octubre de 2014

Crónicas desde el cielo: Pedro Peña. "¡Esto sí que es vida!"

Don Pedro Peña.© Guiuseppe Photo.


Llevaba algo más de dos días dormitando.Al despertar se sintió muy bien, despejado y descansado.
Miró el reloj de la mesita de su habitación. Eran las doce y media pasadas.
"¡Qué tarde es!", "Me estoy haciendo un dormilón", pensó.
Rápidamente se levantó de la cama y fue al baño a asearse. Mientras lo hacía vio su imagen reflejada en el espejo del lavabo.
Lo que vio le dejó helado.
Realmente aquello era asombroso. Aunque su cabeza en los últimos tiempos no estaba muy clara, no recordaba haberse teñido el pelo y lo que él solía reconocer blanco y escaso, ahora era oscuro y muy poblado. Su cara apenas si tenía arrugas y sus manos eran las de un joven.
Sus piernas que días antes apenas le respondían se movían perfectamente como por arte de magia.
-"¡Esto es magnífico!"- exclamó.
"Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridadddddd", canturreo divertido. Incluso dio unos pequeños pasos de baile mientras se afeitaba encantado con sus dedos que ya no le temblaban como antes y que sujetaban con firmeza la maquinilla.
Se puso su mejor traje, que no sabía porque le quedaba bastante grande y se acercó a la cocina.
¡Qué bien olía!. Levantó la tapa de la cafetera y olisqueó el café recién hecho. Sobre la mesa de formica reposaba un plato de churros recién hechos.
Se sirvió una taza y lo mezcló con unas gotitas de leche. Y se llevó a la boca un churrito.
En esas estaba cuando sonó el teléfono...
"¡Digaaa!"- contestó con su voz fuerte y característica de lo que él mismo se sorprendió.
Al otro lado del aparato escuchó una voz conocida:
"Pedrito, dentro de media hora paso a buscarte para ir al teatro, estate preparado en el portal"."¡Hasta luego!"
No le dio ni tan siquiera tiempo a responder a aquella voz que su cabeza le decía que no podía estar oyendo.
Aún así, terminó de vestirse, se colocó el pañuelo perfumado doblado en el bolso cercano a la solapa del traje. Abotonó solo dos de los botones de la americana y se dispuso a ir hacia la puerta.
Se movía, ágil, rápido, como hacia mucho tiempo que no era capaz de hacerlo.
Todo le parecía raro. Era como uno de esos sueños en que todo es tan dulce y perfecto que no te apetece despertar.
Estaba feliz como hacia muchos años que no se sentía.
Cuando se disponía a salir, oyó canturrear una dulce y  femenina voz que venía de una de las habitaciones.
"Siento renacer en mi tu amor, al saber que volverás...." cantaba.
Era la voz de alguien a quien adoraba.
¡No era posible!
Corrió alborozado por el pasillo hacia la sala de donde procedía la cantarina voz.
Al abrir la puerta, sus ojos se hicieron grandes y sonrientes como los de un niño. En sus pupilas se mezclaba la risa y el llanto,
¡Era ella!, ¡Su amor!
Pero, pero aquello no era posible.
O , ¿Quizás sí?
¡Claro, ahora lo entendía todo!. Sus piernas fuertes, sus manos ágiles, su cabeza despejada, la llamada...
Pero si aquello era cierto, podía tocarla, abrazarla y besarla.
Y tal como lo pensó, lo hizo.
Se acercó a ella, que le miraba sonriente. Y temblando como un niño enamorado, ambos se fundieron en un cálido, fuerte e interminable abrazo.
Así estuvieron muchos minutos.Tocándose la cara, besándose cariñosamente, sujetándose de las manos, mirándose uno al otro. Reencontrándose...
Hasta que el timbre de la puerta repiqueteo nervioso interrumpiéndoles.
"¡Ya vaaaaa!, ¡Hombre, ya va!,¡Este Luisito siempre está igual!
Y mirando cariñosamente a "su chica" le dijo juguetón, mientras le guiñaba un ojo:
"¿Me acompañas mi amor?"
Ella asintió con la cabeza.
-¡Claro que sí!, "Lo que es ahora no nos separará nadie", exclamó nuestro protagonista.
Y ambos, cogidos de la mano dejaron tras de sí la puerta de todos aquellos años en los que "la vida" les había separado.
Ahora empezaba una nueva etapa, eterna y siempre juntos.
Juntos, porque nada podría ya separarlos.
"¡Vamos Pedro!, ¡Que no llegamos al teatro!-dijo ella.
¿Teatro?, ¿Amor?, jajajajajajjajajaja,  ¡esto sí que es vida¡.
Pero que estoy diciendo: ¡Esto sí que es muerte!, jajajjajaja.


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